TU...
Ese día aun lo puedo recordar, se ofrecía una fiesta en mi honor, acababa de cumplir 14 años, y era toda una dama de sociedad, la casa de mis padres era esplendida, con oro y plata por doquier, pinturas, libros y demás, que en esos entonces no me importaban, el jardín se volvió todo un sueño, por mi celebración, no se escatimo, solo se deseaba mi felicidad, fue entonces cuando lo vi por primera vez, iba del brazo de su madre, sonriendo como un niño pequeño, mas su rostro era superior a la inocencia, su piel pálida parecía sumamente frágil como la porcelana, sus ojos a pesar de ser de un negro profundo parecían espejos que reflejaban solo a los demás, eran como un par de puertas cerradas, que ocultaban una bella alma... Sus cabellos negros, con destellos claros estaban despeinados ligeramente, aunque no parecía que así fuera, siempre creí que el aire lo consentía, acomodándolos como si fuese un trabajo profesional...
-Buenas Tardes....-Salude a su madre, aquella mujer de piel morena, con una sonrisa elegante, ojos color café claro y cabello negro, no parecían familia, al menos no a primera vista...- ¿Quien es el Lady Ruth?...-Pregunte con la libertad que me daba ser hija de mi padre, uno de los nobles mas importantes de la época, ella sonrió e hizo una reverencia, mis modales no eran buenos pero no me preocupaba
-Buenas Tardes Lady Elizabeth...- susurro, la mire impaciente, por saber quien era el joven que deslumbraba con tal pureza- Es mi hijo mayor... Preséntate con la señorita...- Le pidió, le sonreí con tal gusto como a nadie antes, aparentaba inocencia, mas su rostro era el de un pequeño joven adulto.
Hizo una reverencia- Lord Mickael de Breinsh my Lady- murmuro con elegancia, algo que saco de su madre, al verlo, lo reverencia al igual, su presencia sola me hacia reaccionar y desear simpatizar con el.
-Lady Elizabeth Novaldi- me presente ante el pequeño, su madre rió con delicadeza por lo que la mire impresionada, ¿se reía de mi?, no podría tener esa osades, mas no dije nada, por su hijo, solo por el - Me haría un honor si aceptara pasear conmigo Lord Breinsh- no respondió solo miro a su madre y ella asintió soltándolo, esperaba me ofreciera su mano pero no fue así, solo se dedico a caminar rumbo al laberinto, sorprendida tarde en reaccionar y correr disimuladamente tras el.
Tarde en encontrarlo, el laberinto de mi casa era sumamente extenso, cualquiera se perdía en el si no lo conocía bien, mas el parecía ser la excepción, estaba en uno de los quiosco, esperando por mi- Es algo lenta Lady Elizabeth- murmuro con descaro, ningún noble se atrevía a hacer ese tipo de comentarios- Es verdad, las damas no suelen hacer mucho ejercicio- sonrió de lado con supremacía, ¿era aquel joven el mimo que sonreía con inocencia?
-Se equivoca Lord Breinsh- tome una actitud mas dura- Claro que las damas hacemos ejercicio, solo que diferente al de los caballeros- no dejaría que ganara solo por su apariencia- Le suplico sea mas cortes conmigo, no deseo estar con un caballero maleducado- pensé que con eso cambiaria de nuevo, pero no, sonrió mucho mas
Se acerco a mi y tomo mi cabello, lo traía suelto por petición de mi madre que siempre había alabado su color miel y la forma en que se ondulaba por si mismo, se acerco y dejo un suave beso, mis mejillas pálidas tomaron color , ningún hombre se había tomado tantas libertades conmigo, me miro y acaricio mis mejillas, no podía moverme, su tacto era gélido pero gentil- Que bellos ojos- murmuro, mi respiración se agito al ver como acercaba sus labios a los míos, sentía que me perdía en la profundidad de sus ojos- Lastima que los posea usted- susurro a unos centímetros de consolidar un beso, parpadee varias veces y lo mire sin entender- No me gustan las damas prepotentes- aclaro, pensé en contestar cuando escuche la voz de madre llamándome- La buscan- murmuro y se alejo caminando hacia la profundidad del laberinto, mientras que yo me quede parada observando irse al sueño de cualquier mujer y mi pesadilla...
Mi madre al encontrarme en tal estado me llevo a la casa ya arreglo mi cabello, mire el espejo fijamente, tratando de entender sus palabras- Madre... ¿Mis ojos son feos?-pregunte sintiendo las lagrimas acumularse en ellos, me sentía insultada y humillada, ella me miro y me abrazo por la espalda, sus cabellos castaño claro cayeron sobre mi hombro mientras sonreía con ternura maternal en aquel rostro tan fino y perfecto que ni el tiempo podía matar.
-Lizzie... Tus ojos son hermosos como los de tu padre... Son dos esmeraldas finas y bellas- cerré los ojos dejando caer las lagrimas, mi madre las limpio y arreglo mi vestido blanco con verde, uno de los mas bellos de toda la fiesta, combinaban conmigo y mi presencia, o eso creía.
Al salir de nuevo me tope con su sonrisa inocente, estaba de nuevo con su madre, se veía tan distinto que provocaba un poco de miedo, aun así con determinación me acerque al lado de mi madre- ¿Es hora?- Lady Ruth pregunto, mi madre asintió, y comenzaron a hablar en voz baja, mire a Mickael sin una pizca de odio, solo indiferencia, al igual que el, me sonreía vaciamente, algo que yo no podía lograr.
Mi madre termino de hablar y me tomo del brazo, me guió hasta la pista de baile el lugar central de la fiesta, los invitados me miraron y todos sonrieron, ¿por que?, me pregunte pero nadie contesto, no conocía la respuesta aun, pronto Mickael fue llevado al centro conmigo, ¿querían que bailara con el?, si así era lo pisaría solo para vengarme de sus maltratos, pero no había música, solo las miradas de los demás, mi padre fue conmigo y tomo mi mano, sus ojos verdes brillaban con entusiasmo, su rostro moreno se veía extraño con esa gran sonrisa, me miro y sonrió aun mas- Hoy es un día muy importante- anuncio a todos- Mi querida Lizzie cumple sus 14 años, lo que la hace toda una dama de sociedad- todos aplaudieron y yo sonreí encantada- Y es para mi un gran honor dar un anuncio que hará por mucho, este el mejor día de su vida... El compromiso de mi hija Lady Elizabeth Novaldi con Lord Mickael de Breinsh- quede pasmada al ver como Mickael daba un par de pasos, con aquella sonrisa fingida, el lo sabia, todos lo sabían a excepción de mi, mire a mi padre suplicante pero el no atendió a mi desesperación, solo tomo mi mano y la entrelazó con la de aquel hombre, que me sonrió con frialdad y un poco de odio.
